OFICINA DE PRENSA
Desgrabación de la Homilía del Sr. Arzobispo
de Buenos Aires cardenal Jorge Mario
Bergoglio s.j., pronunciada en la Catedral
Metropolitana con motivo de la Misa por la
Educación.
En la tarde de ese primer día de la semana,
el cual nos narraba el Evangelio recién,
había mucha desorientación: la mayoría
estaba triste, encerrados por miedo al
ataque de los mismos que habían matado a
Jesús, por miedo que les pasara a ellos lo
que les había pasado al Señor. Tenían miedo,
dice el Evangelio. Tenían las puertas
cerradas y entre ellos conversaban: “Que
pena que se murió”… “No, fijate que unas
mujeres fueron a la mañana y lo vieron”… o
“vieron unos ángeles”… Y el comentario era
confuso: “están mal de la cabeza”, “vieron
visiones”, “no es verdad” y así se iban
enredando ellos en ese microclima de miedo,
susto, frustración y desesperanza. Los
apóstoles, esa tarde, constituyeron la
primera comunidad de cristianos sin
esperanza hasta que aparece el Señor y con
su presencia disipa todo ese mundillo de
dudas, miedos y chimentos, y pone las cosas
en su sitio. Esto a mi me plantea una
pregunta que se me ocurrió esta mañana al
hablar con ustedes: Estamos educando en la
esperanza? Estamos educando para la
esperanza? O repetimos el microclima de esa
mañana, de esa tarde dentro de la casa donde
estaban los discípulos? Sabemos educar en
esperanza? Y me pregunto también, en
vísperas de estos 6 años que vamos a
celebrar el Bicentenario de nuestra
independencia: Sabemos que significa para la
Patria que sus chicos, sus jovenes, sus
universitarios, sean educados en esperanza?
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